Jacqueline: Remembering my childhood in Nosara

Most of the memories I have from my childhood are related to food, but not the fact of eating delicious food; instead the excitement and fun of getting all the ingredients and cooking all the family together.

(Español abajo)

Jacqueline: Remembering my childhood in Nosara.

My family, from my mother’s side is from Nosara. About thirty years ago my mother and her sisters had to go to San José to look for a job, because there were no employment opportunities here.

My mother found a job as a maid in the house of Don Jorge and Doña Margarita. I was born in San José and lived in their house for several months, they treated us like family. When my father rented a house in Heredia we went to live with him. After that, my mom stopped working.

Every easter we came to Nosara. For me and my brother it was the best, it was the adventure of coming here and get together with our cousins to​ go out to cut “marañones”, mangos, oranges and “jocotes”. Twenty years ago, this was a farm.

During that time my grandfather’s farm was the place of Nosara where there were more jocotes. The people came to do the “Easter Jocotada”. They make jocote boiled with milk and sugar, it’s like a jam, they call it “jocotada”.

Whenever we came the wasps stung me, because in one of the many trees we climbed, there were always wasps. When I was older about ten years old, we would help Dona Lupita; she had a watermelon plantation and lived on the other side of the river. We helped her to water them and she gave us watermelon. The river was shallow and clean then, we crossed it walking.

Shortly after we went to live in Cañas (Guanacaste), with the family of my father. We lived there only a year because we did not like it at all, there were many mosquitoes, the residue of burning sugar cane was an issue and it is very hot.

We returned to Nosara. Most of the memories I have of my childhood in Nosara are related with food, but not with the fact of eating something delicious; rather with the excitement and adventure involved in getting all the ingredients and participating in the preparation together as a family.

In February the harvest of “marañones” begins, we used to go under the trees to take out the seed from the marañones that had fallen and the fresh marañones would take them to my grandmother to make marañon jam with sugar cane. The idea was to have as many cashews seeds as possible to roast.

After that, we would go to the river with the seeds, we would look for a couple of big stones and we would make a bonfire. Grandpa Goyo grabbed a old corrugated zinc roofing and made holes in it with a machete, my uncle Goyin will put it on top of the stones.  Then we put all the seeds on the tin sheet to roast them, Goyín turned them with a stick. We were desperate waiting for them to roast quickly, to blow them, cool them down and then break them with a stone.

We broke the seeds with a large stone, they were already roasted, fresh, delicious. We ended up covered in black from the roasted seeds, but that did not matter, we ate as many as we could and the rest we would put in a jar for Grandma. She made coconut “cajeta” with cashew nuts.

When I was younger, they would not let me toast the seeds, because I could get burned. I would go with my aunt to the river. We looked for the parts where there are more small stones and the river made like a tiny waterfall that finished in a small ponds, that is were the “burgados” lived. The burgados are mollusks that live inside shells that are stock to river stones; I grabbed the shells and take them off softly so that it could be released from the stone. If one does it fast the “bug” sticks to the rock very hard.

We collected them in a jar and took them to the kitchen. They were prepared fried with a little salt, scrambled eggs and we ate them with tortillas. That was a delight for me, we ate tortillas with eggs and cheese all the time, but almost never with those bugs.

Another adventure was to go to the farm of Don Luis (our neighbor) to get mangos. One time there were like seven kids, I was the only girl and the youngest. We were looking for the mangos when a cow came running after us; they all climbed to the top of the tree, but I could not climb by myself. The cow came to eat the mangos, but I thought he was coming to attack me; I tried to jump to climb but couldn’t, luckily my cousins ​​grabbed my hands and another my hair to pull me up the tree.

I got a rash on my belly and chest, I spent days peeling … Then we had to stay on top of the tree for a while waiting for the cows to leave, to be able to take the bag full of mangos to my grandmother to make us mango jam.

One of my favorites was the honey of “Carao“, we used to go collect the carao for my grandfather, then he left them sit in a bucket with water for three or four days. My grandmother milked the cows and boiled the milk, then poured inside the honey (that we had taken out of the seeds), that was delicious. We all drank milk with carao honey and got no anemia, they told us it was iron hundred percent.

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Jacqueline: Recordando mi infancia en Nosara.

Toda la familia de mi mamá es de Nosara. Hace como treinta años mi mamá y sus hermanas se tuvieron que ir a San José a buscar trabajo porque aquí no había oportunidades de empleo.

Mi mamá encontró trabajo como empleada doméstica en la casa de Don Jorge y Doña Margarita. Yo nací en San José y viví en su casa varios meses, ellos nos trataban como de la familia. Cuando mi papá alquiló una casa en Heredia nos fuimos a vivir con él. Después de eso mi mamá dejó de trabajar.

En Semana Santa siempre veníamos a Nosara. Para mí era lo máximo, era la aventura de venir a juntarse con los primos y salir a cortar marañones, mangos, naranjas y jocotes. Hace más de veinte años, esto era una finca.

Antes la finca de mi abuelo era el lugar de Nosara donde más jocotes había. La gente venía para hacer la jocotada de Semana Santa. Hacen el jocote hervido con leche y azúcar, y es como una miel que le dicen jocotada.

Siempre que veníamos me picaban las avispas, porque en algún palo (de los que nos subíamos) siempre habían avispas. Cuando yo estaba más grande como de diez años le ayudábamos a Doña Lupita, que tenía una siembra de sandía y vivía al otro lado del rio. Nosotros le ayudábamos a regar y ella not regalaba sandía. En ese tiempo el río era limpio y cuando estaba seco, lo cruzábamos caminando.

Poco después nos fuimos a vivir a Cañas, con la familia de papi. Estuvimos solo un año en Cañas porque no nos gustó para nada, había muchos zancudos, llegaba la basurilla de la quema de la caña y es muy caliente.

Regresamos a Nosara. La mayoría de los recuerdos que tengo de mi infancia en Nosara tienen que ver con comida, pero no con el hecho de comer algo rico; si no más bien con la emoción y la aventura que implicaba conseguir los ingredientes y participar todos en familia de la preparación.

En Febrero empieza la cosecha de marañones, nos íbamos debajo de los palos a quitarle la semilla a los marañones viejos que habían caído y los marañones frescos se los llevábamos a mi abuela para que nos hiciera miel de marañon con tapa de dulce. La idea era tener la mayor cantidad de semillas de marañón posible para asar.

Luego nos íbamos al río con las semillas, buscábamos las piedras más grandes y nos hacíamos como una fogata. El abuelo Goyo agarraba una lata de zinc vieja y le hacía huecos con un machete, mi tio Goyín ponía la lata sobre las piedras. Sobre la lámina poníamos las semillas y Goyín les daba vuelta con un palo; nosotros desesperados esperando que se tostaran rápido para soplarlas, que se enfriaran y luego quebrarlas con una piedra.

Con un piedra grande quebrábamos las semillas y ya salían tostadas, frescas, riquísimas. Quedábamos negros de tizne pero eso no importaba, nos comíamos todas las que podíamos y el resto las echábamos en un tarro para la abuela. Ella hacía cajeta de coco con semilla de marañón.

Cuando estaba más pequeña no me dejaban tostar las semillas, porque me podía quemar; entonces me iba con mi tía con un huacal al río. Buscábamos las partes donde hay más piedras pequeñas y se hace como una cascadita que termina una pozita en esas partes había “burgados”. Los burgados son unos bichos (molusco) que viven en esas conchas que se pegan a las piedras, yo agarraba las conchas y las despegaba suavecito y el bicho se soltaba; si uno lo hace rápido el bicho se pega muy duro.

Los recolectábamos en un huacal y los llevábamos a cocinar. Se hacen fritos con un poco de sal, revueltos con huevo y los comíamos con tortilla. Eso era el manjar para mí, nosotros comíamos tortillas con huevo y con queso todo el tiempo, pero casi nunca con esos bichos.

Otra aventura era ir a la finca de Don Luis (nuestro vecino) a bajar mangos; esa vez íbamos como siete, yo era la única mujer y la más pequeña. Estábamos buscando los mangos cuando se viene una vaca en carrera detrás de nosotros; todos se subieron al palo, pero yo no podía subir sola. La vaca venía a comerse los mangos, pero yo pensaba que venía a atacarme; intenté brincar para subirme y no podía, por suerte mis primos me agarraron de las manos y otro del pelo para subirme al palo.

Me chimé toda la panza y el pecho, pasé días botando pellejo…  Luego tuvimos que quedarnos arriba del palo esperando que las vacas se fueran para poder llevarle el saco con mangos a mi abuela para que nos hiciera miel de mango.

Otra delicia era la miel de Carao, ibamos a recoger el carao para mi abuelo, él los dejaba en reposo en un balde con agua, como 3 o 4 días. Mi abuelita ordeñaba las vacas y hervía la leche, después le echaba la miel de carao que habíamos sacado, eso era riquísimo. Nosotros nos pelíabamos la nata de la leche hervida, luego todos tomábamos leche con miel de carao y cero anemia, eso era hierro cien por ciento.

Jacqueline es esteticista certificada, ofrece faciales, exfoliación y depilación con cera. Contacto para citas:  8609 – 6659. Fb: Estética y Spa Fiore

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